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Opinión de Edwin Huizing.

El conflicto en Nicaragua se está saliendo de control. Se necesita urgentemente una acción política internacional para evitar una mayor escalada, sostiene el director de Hivos, Edwin Huizing. Los Países Bajos deben tomar la iniciativa.

Tan sólo 40 años después de que Daniel Ortega liderara a los sandinistas para derrocar la dictadura de Somoza, una crisis severa afecta a Nicaragua. La mayoría de nicaragüenses no quiere otra cosa más que ver a Ortega, quien ha ocupado el cargo durante once años, desaparecer de la escena política. Hivos, con su sede en La Haya, cree que los Países Bajos debe usar su membresía en el Consejo de Seguridad de la ONU para evitar una guerra civil y lograr una transición pacífica.

Desde que las protestas contra el presidente Ortega comenzaron en abril de este año, al menos 273 personas han perdido la vida y 2.000 han resultado heridas, según la entidad de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). Y el número de víctimas aumenta cada día.

La oposición a Ortega proviene de muchos sectores: personas trabajadoras, estudiantes,  jubiladas, la Iglesia Católica y, no menos importantes, grupos de mujeres que luchan por una sociedad más justa. La fuerte represión del Gobierno contra los y las manifestantes también afecta a periodistas y personas defensoras de derechos humanos apoyadas por los Países Bajos e Hivos. Un ejemplo, periodistas del infomediario Confidencial han sufrido maltratos, amenazas  y el robo de sus cámaras y celulares. Trabajadores de la organización de derechos humanos CPDH fueron arrestados.

Durante el fin de semana del 13 de julio, simpatizantes de Ortega, una combinación de funcionarios del gobierno y paramilitares, asediaron una iglesia católica donde alrededor de 200 estudiantes se habían refugiado después de que las protestas en su universidad se tornaron violentas. Gracias a quince horas de mediación por parte de clérigos de alto rango, a las y los estudiantes les fue permitido salir. Pero para entonces, ya había dos personas muertas y diez heridas.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el abuso, la tortura, el secuestro y el asesinato están a la orden del día. En su informe inusualmente severo, la Comisión señala claramente al Estado como parcialmente responsable. Si las protestas contra Ortega continúan fuera de control podría estallar una guerra civil.

Foto: Carlos Herrera

Una tendencia global de opresión gubernamental

Nicaragua ejemplifica la tendencia actual de gobiernos que reprimen cada vez más a la ciudadanía activista, a periodistas críticos, defensoras de los derechos humanos y ONGs.

La política exterior holandesa, con su énfasis en "el círculo de inestabilidad en Europa", la migración y el compromiso económico, está demasiado limitada en este sentido. La reciente carta del Ministro de Relaciones Exteriores holandés, Stef Blok, sobre el fortalecimiento de la red diplomática de los Países Bajos ni siquiera menciona la frase "derechos humanos". Su énfasis en diplomacia económica y recortes en el gasto en puestos diplomáticos se produce a expensas de la promoción de los derechos humanos.

Pero la política exterior debe ser sobre algo más que la migración desde África y las oportunidades de crecimiento para los Países Bajos. El Acuerdo de Coalición del gobierno holandés ha asignado 40 millones de euros para el fortalecimiento de nuestra red diplomática. Parte de esto debería ser destinado directamente a Nicaragua y a América Central, que amenaza con convertirse en una región olvidada.

Se debe poner fin a la violencia y a la impunidad

Junto con Suecia, actual presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, los Países Bajos pueden llamar la atención del Consejo de Seguridad de la ONU sobre estas violaciones de derechos humanos en Centroamérica, empezando con la crisis en Nicaragua. Se debe poner fin a la violencia y a la impunidad, para lo cual es crucial el desarme de las fuerzas paramilitares. Es necesario que se lleve a cabo una investigación internacional independiente sobre los asesinatos y demás crímenes, que lleve a los responsables ante la justicia. Las delegaciones internacionales (por ejemplo, los parlamentarios de la UE) deben visitar Nicaragua para actuar como los ojos y oídos de la comunidad internacional y así aumentar la presión sobre el gobierno para que cese su represión y comience la transición a elecciones libres, bajo supervisión internacional.

Siguiendo una ola de esperanza en la década de los 80, muchos holandeses, incluidas ONGs, apoyaron el movimiento sandinista. Ya es hora que se declare en términos inequívocos que Ortega no ha demostrado ser mejor que sus ilustres predecesores de derecha.

Se requiere urgentemente de acciones políticas internacionales a medida que la crisis en Nicaragua escala con rapidez, resultando posiblemente en una guerra civil.

Esta opinión fue publicada originalmente en el diario holandés Trouw.