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Qué hacemos

Karlo M. Bermúdez / @karloemebe

Hivos opera en un contexto altamente volátil. Nuestros valores y principios siguen siendo los mismos, pero el enfoque de nuestro trabajo debe cambiar y también tenemos que actualizar nuestras formas de trabajar para poder maximizar el impacto de nuestros socios. Además, también debemos ser flexibles porque vivimos en un mundo donde los cambios son constantes. Entonces, ¿cómo vemos el mundo de hoy? y ¿en qué se basan nuestras elecciones?

Un aspecto positivo

Si bien el 2020 fue uno de los años más angustiosos para todo el mundo, también tenemos razones para mantenernos optimistas. En las últimas décadas, cientos de millones de personas han alzado su voz para exigir sus derechos. Ahora hay más niñas que se están matriculando en la escuela, hay más mujeres2 en puestos de liderazgo y un creciente número de países ahora reconoce las relaciones entre personas del mismo sexo. Las tasas de pobreza extrema han disminuido y los líderes mundiales acordaron Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden no dejar a nadie atrás.

Fuimos testigos de la firma del Acuerdo Climático de París y del surgimiento de un fuerte movimiento climático global. Las personas jóvenes, las mujeres, las personas indígenas y las personas más afectadas por la pérdida de biodiversidad lideran las acciones de conservación de los ecosistemas en todo el mundo. Por último, pero no menos importante, las nuevas tecnologías han demostrado que pueden contribuir al desarrollo sostenible, el empoderamiento de las mujeres y el activismo cívico. Cada vez más personas parecen comprender y estar de acuerdo en que debemos redefinir nuestros modelos económicos, sociales y políticos actuales.

La paradoja de la ansiedad

El 2020 siempre será recordado como el año de la COVID-19. Decenas de millones de personas se han infectado y más de un millón han muerto (el número continúa aumentando). Los sistemas de salud colapsaron, millones de personas perdieron sus trabajos y sus fuentes de ingresos y fuimos testigos de un espantoso aumento en los casos de violencia de género y discriminación contra las comunidades LGBTIQ +. Además, algunos gobiernos autoritarios han sometido a sus habitantes a una mayor vigilancia en nombre de la prevención contra la COVID-19.

La pandemia ha exacerbado las desigualdades existentes y ha demostrado que el progreso logrado en las últimas décadas está indiscutiblemente distribuido de forma desigual. Para más de mil millones de personas alrededor del mundo, los medios de subsistencia seguros, la seguridad, la igualdad y la inclusión siguen siendo un sueño inalcanzable. Las fuerzas democráticas se enfrentan a autócratas políticos y empresas (muchas veces multinacionales) que sirven a los intereses a corto plazo de sus accionistas, en lugar de buscar el bien común y los valores sociales a largo plazo.

Vivimos en un mundo complejo y lleno de ansiedad, la cual es causada por los conflictos y la violencia y por la pérdida del prestigio, los ingresos y las posesiones. Esto hace que las personas sean más vulnerables a las fuerzas populistas, autoritarias y polarizadoras que dominan cada vez más el debate público valiéndose de un discurso basado en el miedo. Paradójicamente, esta retórica es justamente la que alimenta la violencia y el conflicto, y también la que frustra los esfuerzos para proteger nuestro planeta, luchar por la igualdad y la inclusión, para crear medios de subsistencia sostenibles y promover la democracia sustantiva y la cohesión social.

Las múltiples caras del poder

Estas realidades se ven reforzadas por el hecho de que en el 2020 el poder tuvo una cara multipolar. Los Estados Unidos ya no son quienes dominan la economía mundial ni sus normas y valores. China, Rusia y Turquía han reclamado con éxito su porción de poder mundial. En consecuencia, ahora somos testigos de un juego de poder permanente entre líderes autoritarios que ciertamente no salvarán al mundo de la extinción ni tampoco reconocerán el derecho de las personas a ser quienes son y de dar forma a sus propias vidas y sociedades.

Si bien la Unión Europea intenta asumir un papel de liderazgo en la lucha contra el cambio climático y por defender sus valores basados en los derechos humanos, frustra sus propios esfuerzos cuando se trata de personas migrantes que buscan escapar de la muerte y la desolación. A la hora de abordar los desafíos de desarrollo y migración, los estados miembros de la UE no operan como una verdadera unión. Por el contrario, evidencian una notable falta de voluntad y poder en materia de política exterior y defensa, y una clara renuencia a llenar el vacío dejado por la presidencia de Trump en los Estados Unidos.

Sistemas fallidos y cómo reemplazarlos

Todos los desafíos importantes de nuestro tiempo han tenido como denominador común fallas en el sistema y desequilibrios de poder. Estos factores también causan marginación y sofocan las voces de cambio en las tres áreas de impacto en las que nos centraremos.

Nuestro sistema económico global incentiva la explotación de personas y recursos naturales, lo que resulta en un pacto suicida global sin precedentes que golpea más duramente a las personas pobres y marginadas. De hecho, el calentamiento global amenaza con hundir a otros 100 millones de personas en la pobreza para 2030. Estas personas no se beneficiaron de la globalización y no son responsables de sus impactos mortales en el cambio climático, pero sí sufren la contaminación, la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad. Además, las voces de esas personas y comunidades, que son clave para desarrollar soluciones climáticas de forma local, están en su mayoría ausentes en los debates (inter) nacionales sobre soluciones climáticas.

Del mismo modo, el sexismo, el racismo, la homolesbobitransfobia, la discriminación por discapacidad y por edad sistémicos, sustentan prácticas de exclusión y discriminación de larga data. Las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo todavía son castigadas por la ley en 70 países y grupos conservadores y religiosos bien financiados, alimentan un fuerte “movimiento anti-género”. La violencia doméstica, el acoso sexual, la intimidación y el discurso de odio están a la orden del día para las mujeres y las personas LGBTIQ +. Todo esto continúa sucediendo a pesar del hecho de la creciente evidencia que muestra que a las sociedades inclusivas le va mejor, incluso económicamente.

Otros impulsores de los desequilibrios de poder sostenidos y la explotación sistémica son las instituciones públicas que son débiles, que no responden y que no rinden cuentas. Las libertades están en declive, al igual que la confianza del público en las instituciones democráticas que no son inclusivas ni responsables. Activistas de la sociedad civil se enfrentan a crecientes restricciones legales y amenazas letales. La rápida digitalización ha facilitado la difusión de noticias falsas y discursos de incitación al odio y también ha ayudado a la recopilación de datos y la vigilancia por parte de entidades públicas y privadas, lo que representa graves riesgos para la seguridad de personas ciudadanas y activistas. Sin embargo, la digitalización también permite que las personas y los movimientos tengan mayor facilidad para conectarse, recopilar datos y pruebas vitales y compartir narrativas y soluciones alternativas.

Un cambio hacia una sociedad global justa y sustentable requerirá de grandes transiciones en todos los ámbitos de la vida. Hivos cree firmemente que people unlimited es la clave para desafiar las fallas actuales del sistema, combatir los desequilibrios de poder y lograr la justicia climática, la igualdad de género, la diversidad y la inclusión. Sin embargo, también tenemos la certeza de que las personas deben unir fuerzas para lograr un cambio real y que las comunidades deben estar a cargo de sus propios procesos de cambio local.

Donantes y el sector de desarrollo

Si observamos el sector de desarrollo del que Hivos y la comunidad internacional de donantes de la que depende forman parte, vemos que hay mucho margen para mejora. Aunque creemos que las personas tienen derecho a decidir su propio futuro, nunca hemos dejado de apropiarnos sus procesos de desarrollo. Por ejemplo, incluso cuando se reconoce ampliamente la importancia de la propiedad local, tendemos a “ceder” esta propiedad local a las personas marginadas y subrepresentadas que elegimos, con base en nuestros propios valores y condiciones con respecto a los términos de esta propiedad.

La apropiación local es muchas veces solo una casilla más para marcar en las propuestas de financiación diseñadas por los donantes. Peor aún, los donantes tienden a trasladar la responsabilidad y los riesgos de trabajar con actores locales a organizaciones como Hivos cuando las contratan para la implementación de sus programas. El resultado contraproducente es que las organizaciones locales se ven limitadas por estrictos requisitos de cumplimiento, lo que deja poco espacio para una apropiación local real. Sin embargo, la apropiación local significa tomar riesgos, por lo que la financiación debería tener menos condiciones y dejar espacio para explorar nuevos caminos. Consideramos que nuestra responsabilidad es influir en los donantes y aumentar su comprensión de por qué el cambio no se puede lograr con soluciones simples sin estar dispuestos a asumir esos riesgos.