Ni hombre, ni mujer: el género ‘no-binario’ y las violencias hacia quienes son ‘diferentes’

No todo es blanco o negro en la vida. Ese postulado también se aplica para las personas y es la mejor forma de explicar el género no-binario. Es decir, quienes no se consideran ni hombres ni mujeres, pues la construcción de su identidad rebasa esos dos conceptos, y en algunos casos optan por considerarse un tercer género, y en otros casos solo consideran que no pertenecen a ningún género. El problema empieza cuando estas personas se enfrentan a la ignorancia y al odio.

Estudian, trabajan, practican deportes, se casan, se divorcian, se enferman y se recuperan, se divierten, viven y mueren como cualquier otra persona. La única diferencia de las personas no binarias, en comparación con el resto, es que no se perciben ni como hombres, ni como mujeres. Las personas no binarias forman parte de las identidades trans, es decir, de quienes no se identifican con el género que les fue asignado al nacer.

Ariel y Noah, dos jóvenes de Costa Rica, accedieron a explicar qué es el género no binario desde su experiencia personal bajo la promesa del anonimato, pues no quieren represalias o repercusiones en su comunidad por ser parte de la diversidad. Esa es una desventaja de vivir en una sociedad alejada de la información y la aceptación a quienes son diferentes.

Si bien hace unas décadas el ‘no binario’ parecía un fenómeno extraño en las sociedades, con el tiempo se han desarrollado estudios científicos, especialmente de la Asociación Americana de Psicología, que apuntan a que es normal que una persona no se identifique como hombre o como mujer. Incluso, pasa con más frecuencia de lo que se piensa, pero es un tema del que se habla poco.

A Ariel le gusta ver series en internet y pasar la mayor parte de su tiempo en redes sociales o juegos del móvil; además le gusta cocinar, es fan de los super héroes y es estudiante de Historia y Ciencias Actuariales. Noah también es estudiante y está por entrar a la universidad para estudiar Medicina. Tiene muchos hobbies, incluyendo sus estudios de piano, el dibujo y el deporte. También le gusta aprender idiomas.

Ariel y Noah tienen 24 y 17 años respectivamente, son costarricenses y son parte de una generación que cada vez entiende más y mejor lo innecesarias que son las ‘etiquetas’ sociales, especialmente en lo que refiere a sexualidad e identidad de género. Y también comprenden a la perfección la necesidad de que la sociedad haga un esfuerzo para entender a quienes tienen diferentes expresiones de género.

 

Ilustración: Alex Liu

De la ignorancia a la exclusión y la violencia

Ariel define su identidad de género en una sola frase: “No soy hombre o mujer, pero si tuviese que ponerlo en palabras diría que soy un chico muy muy muy sentimental. O, tal vez, en mi exterior me gusta lo masculino y en lo interior lo femenino”. Por su parte, Noah dice que su género es ‘no binario’ y amplía: “Puedo intentar usar muchas palabras para definirlo transmasc, enby, demi gender, sentirse ni como 100% mujer u hombre, pero en general siempre lo defino como no binario”.

Costa Rica es el primer país de Centroamérica en legalizar el matrimonio igualitario y uno de los más avanzados en el reconocimiento de derechos, pero todavía está atrasado en lo que respecta al reconocimiento a la diversidad de identidades de género. Ese es uno de los grandes retos.

Noah explica que en el sistema educativo formal, así como en los espacios sociales y culturales, no hay suficiente información y comprensión sobre el no binarismo y eso, a la vez, genera exclusión y violencias.

“Es como si nos calificaran como raros o falsos sin siquiera darnos oportunidad de explicar quién somos. La sociedad no nos toma en serio, y por ende, no se nos respeta”, señala.

Como persona no binaria, Ariel explica algunas dificultades que vive en la sociedad: “En general está el problema de que las personas no pueden ver más allá de hombres y mujeres. Y por eso al verte la apariencia te encasillan y esperan algo respecto al género al que creen que perteneces”.

En general está el problema de que las personas no pueden ver más allá de hombres y mujeres. Y por eso al verte la apariencia te encasillan y esperan algo respecto al género al que creen que perteneces”.

Las instituciones de Costa Rica impiden que las personas no binarias actualicen sus documentos de identificación, para que quede constancia de su identidad de género. Así que en los documentos se les califica como hombres o mujeres.

Esa forma de violencia institucional provoca que muchas personas tengan temor de acceder a servicios tan básicos como la salud, la educación o el empleo, pero también a derechos y oportunidades, como lo ha denunciado la organización ‘No Binarie Costa Rica’.

Para muchas personas que se definen como hombres o como mujeres, mostrar su identificación es una actividad común, y muchas veces, sin impacto en sus vidas. No pasa así con las personas no binarias. La reacción de las personas al decirles tu identidad puede ser una montaña rusa de emociones, pues hay todo tipo de comentarios, que muchas veces son despectivos.

Baños y mucho más que baños

Si bien el problema de la exclusión y de la discriminación para las personas no binarias llega hasta las instituciones, también ocurren en la vida diaria. Y ocurre en todos los espacios en los que se divide a las personas entre niños y niñas, o entre hombres y mujeres.

Los baños son un tema polémico. Costa Rica atravesó en el año 2019 una discusión nacional sobre la necesidad de instalar baños neutros en colegios, centros de trabajo y lugares públicos, como una forma de garantizar espacios seguros para las personas no binarias.

Para algunas personas se podría entender solo como un problema de servicios sanitarios. Lo cierto es que, para las personas no binarias y otras identidades trans y expresiones de género diversas los baños neutros son espacios seguros, accesibles e incluyentes y una posibilidad de disminuir la exposición a la violencia cotidiana.

En Estados Unidos, la Universidad de Arizona y la Universidad de Massachusetts ya han implementado los baños neutros. En Colombia la Universidad de los Andes ya los instaló. En Centroamérica aún falta mucho para que esto sea una realidad.

Ariel, quien reside y estudia en la capital, dice que usualmente no sufre mayores dificultades, ya que normalmente sus círculos sociales y educativos son poco transfóbicos, y se tiene que enfrentar a ambientes hostiles con poca frecuencia.

Noah, quien reside en una zona rural del país, cuenta sobre la otra cara de la moneda y relata que suele tener problemas en su centro educativo respecto a qué baños puede usar, recibe burlas y faltas de respeto que no son sancionadas. “Ojalá las autoridades de centros educativos o laborales estuvieran interesadas en ayudar a las personas trans a poder vivir la vida normal como una persona cisgénero”, apunta.

Pero los problemas tienen un alcance en muchos aspectos de la vida cotidiana. Antes Noah practicaba baloncesto, pero tuvo que dejarlo luego de salir del closet como una persona trans no binaria, ya que los equipos se conforman por géneros.

 

Ilustración autoretrato: Alex Liu

 

El primer paso: la información

Ariel y Noah coinciden en que, en medio de las dificultades, también hay pasos importantes que están dando las sociedades latinoamericanas para dialogar y discutir sobre identidades diversas. Lo primero es tener información y respeto.

Al saber que el tema del uso adecuado de pronombres es de suma importancia para las personas trans, tanto binarias como no binarias, se plantea una pregunta clave: ¿prefieren que les pregunten, o no, sobre el uso de sus pronombres o prefieren que se asuman de acuerdo a su apariencia? Y Ariel Y Noah responden que les gusta la pregunta ya que es una muestra de interés, respeto y a su vez conocimiento del tema trans.

Pero no todo se tiene que preguntar. Interrogar a las personas diversas por la construcción de su identidad puede resultar invasivo o agresivo.

Noah entiende que muchas personas preguntan más sobre su vida con el fin de comprender un poco más sobre la diversidad. Es común escuchar cosas como ¿cuándo te diste cuenta que sos de género no binario?, ¿qué es?, ¿por qué?, ¿y qué dice tu familia? Y dice que eso no suele molestarle.

Por otro lado, también hay preguntas malintencionadas o condescendientes que le llegan a incomodar.  “Cuando me preguntan cosas muy personales, que tienen que ver con salud, cirugías o algo así, me molesta mucho. He enfrentado a personas preguntándome de mis genitales y eso es muy irrespetuoso. Aunque las personas pregunten de pura curiosidad, a mí me suele molestar; al final depende mucho de las intenciones de la persona, o si estoy hablando con un amigo cercano o con un extraño”, explica.

“Cuando me preguntan cosas muy personales, que tienen que ver con salud, cirugías o algo así, me molesta mucho. He enfrentado a personas preguntándome de mis genitales y eso es muy irrespetuoso.

Ariel cuenta que una de las preguntas que más le suele incomodar es si “es más hombre o más mujer”. O qué rol cumple en una relación amorosa, si el de hombre o el de mujer. “Me han llegado a decir: yo pensaría que con tu aspecto sos el chico de la relación pero realmente sos la chica”, relata.

Así como las experiencias de Noah y de Ariel son diferentes, hay miles de vivencias e historias más que contar. La Corte Interamericana de Derechos Humanos determinó, a raíz de la Opinión Consultiva OC 24/17 presentada por el Estado de Costa Rica, que las personas tienen derecho al cambio de nombre, la adecuación de la imagen y a la rectificación de la mención del género o  sexo en los registros y en los documentos de identidad, para que estos reflejen la identidad de género auto-percibida. Estas obligaciones no se han cumplido en su totalidad, pues la rectificación del género o sexo es una deuda, y a su vez el reconocimiento en estos procesos de las identidades no binarias, que no fueron mencionadas de forma explícita en la Opinión Consultiva. De este reconocimiento dependerá que las personas no binarias como Noah y como Ariel, puedan ejercer muchos de sus derechos o se les sigan negando.

Alex Liu, activista no binarix, nos cuenta la historia de Noah y Ariel, como parte de un proceso de formación para el fortalecimiento de capacidades en comunicación en el marco del proyecto Libre de Ser. En la construcción de esta historia contó con el acompañamiento y la mentoría del periodista Javier Estrada. Alex también elaboró las ilustraciones que acompañan esta historia.

Sobre Libre de Ser

Libre de Ser es un proyecto implementado por Hivos, con el apoyo de la Embajada de los Países Bajos en Centroamérica, que contribuye a salvaguardar la vida y la intergridad de las personas LGBTIQ+ a través del mejoramiento y uso de datos sobre violencia contra estas personas y la creación de nuevas narrativas y estrategias de comunicación que contrarresten los discursos de odio. Para obtener más información del proyecto Libre de Ser puede comunicarse con Mercedes Alvarez Rudin al correo malvarezrudin@hivos.org.