La revolución de una abuela

Blog por Consuelo Mora Benard, mayo 15, 2019

Elena ha trabajado 65 de sus 81 años. Se mueve rápida, serena por su cocina mientras prepara un picadillo, palmea tortillas y chorrea un café de forma casi simultánea. Me explica que quiere tener todo listo para cuando llegue su nieta Shi. Vive en una casa de muchas puertas, por las que entran y salen otros miembros de su familia: otro de sus nietos se despide y ella le da una bendición en la frente.

Me cuenta sobre su pasado con la tranquilidad de quien habla de un evento de otra vida. Nació en Atenas, una pequeña ciudad en la provincia de Alajuela, en Costa Rica. Ella y sus 11 hermanos y hermanas se mudaron varias veces a distintas ciudades del país mientras crecían. Hoy vive en Heredia, una ciudad muy cercana a San José, la capital.

“Cuando yo le dije a mi papá que quería aprender a coser, lo que hizo fue mandar a mi hermano a clases. Cuando él retornaba, yo le preguntaba que había aprendido”, cuenta. “Así aprendí a coser a los 15 años. Hacía 3 pantalones y dos vestidos al día” dice.

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Shi, su nieta, entra a la casa como un torbellino de risa y plática y Elena le sirve comida. El parecido físico y de carácter es evidente: Ambas hablan de frente y sostienen la mirada sin titubeos. Se completan ideas entre ellas, se ríen y tejen conversaciones cálidas e interminables.

En medio de la comida, sacan los álbumes familiares y se ponen a recordar cumpleaños, reuniones de navidad, almuerzos. “Tita Nena, ¿usted me cosió este vestido que llevo en esa foto? Pregunta Shi. La respuesta de Elena en todos los casos es sí.

 

Elena en la cocina de su casa

Los hilos que las unen

Shi y su abuela han sido buenas amigas desde siempre. Ambas han estado conectadas por hilos que parecen trascender lo físico. “Cuando ella estaba por nacer y mi hija iba con dolores, me fueron a buscar a mí para ir al hospital” cuenta Elena. “Ah, es que soy su nieta favorita” dice Shi, con una carcajada.

El recorrido de Shi Alarcón como activista de derechos LGBTI es muy conocido en Costa Rica. En 2007 fue parte de Beso Diverso. En 2009 capacitó a las direcciones regionales del Ministerio de Educación Pública sobre el primer protocolo de no discriminación.

En 2012 co-organizó la marcha “Invisibles”, la primera gran manifestación diversa de Costa Rica en la que participaron más de 5 mil personas. “Esta fue una marcha en la que confluyeron varios movimientos sociales”, cuenta. Después de eso, ella conformó junto con otras personas el Frente por los Derechos Igualitarios, organización que ha sido socia de Hivos en el pasado.

 

La abuelita de las banderas

 

“El 16 de mayo de 2015 Ana Helena Chacón, (Vicepresidenta de la República), me llamó y me dijo que querían poner banderas de la diversidad en Casa Presidencial” cuenta Shi. “Yo le dije que mi abuela era costurera y que las podía hacer. Mi abuela no durmió en toda la noche y al día siguiente tenía aproximadamente 12 banderas listas para todos los ministerios”.

Shi cuenta que Elena empezó a hacer banderas también para la marcha del día del orgullo LGBTI a partir de ese año. Las personas empezaron a encargar banderas, las llegaban a recoger y Elena les recibía con comida y plática. El año pasado tuvo un infarto, así que tuvo que estar en reposo médico y no pudo trabajar como cada año.

 

Elena cosiendo una bandera LGBTI

Recuperar a la familia

 

“Para mi la verdadera revolución va a ser posible cuando empecemos a hablar de amor”, dice Shi. “Eso a lo que los grupos conservadores llaman familia, no es familia. La familia no te discrimina, no te excluye. La familia es esto (señala a su abuela).”

Ella habla de su proyecto más reciente, Casa Rara y explica que es una iniciativa para que nadie se sienta solo o sola: Es un albergue para jóvenes LGBTI. Sueña con expandir su iniciativa en todo el país en el futuro, que incluya también personas diversas de la tercera edad.

¿Cómo voy a discriminar a mi propia sangre? Dice Elena. Abraza a su nieta con fuerza: Shi abre mucho los ojos y parece volver a tener 5 años por unos minutos. Elena continúa hablando con orgullo de los logros académicos de su nieta y señala que no es cualquier persona que logra hacer todo lo que Shi ha hecho en tan poco tiempo. Ambas hacen silencio y sonríen sin mirarse.