Osman y Kory: combatiendo la pandemia

Historia por Karlo M. Bermúdez – @karloemebe

A finales del 2019 tuve la oportunidad de visitar y presenciar el trabajo de las plataformas Right Here Right Now de Honduras y el Caribe. Este relato, en conmemoración del Día Internacional contra la Homolesbobitransfobia, es el segundo en una serie de historias de vida de personas y colectivos que me permitieron conocerles, adentrarme en sus procesos y narrar sus luchas por los Derechos Humanos.​

Circulaban noticias sobre una pandemia global. Estábamos en un retiro, lejos de la ciudad. El virus no nos preocupaba, nos aterrorizaba compartir habitación con un compañero homosexual. Pactamos arruinar la estadía «del playo«.1 Destrozamos su cama y sus pertenencias. Queríamos expulsarlo y lo logramos. Huyó. Nuestras vacaciones fueron su infierno.

La anécdota es real. No es reciente. Fue hace una década. La pandemia: el H1N1. La humanidad frenó el virus, como yo mi temor y odio irracional hacia otra persona únicamente por su orientación sexual: la Homolesbobitransfobia.

Ahora, en un mundo y pandemia diferentes, estaba en una situación similar. De nuevo lejos de la ciudad, en un retiro, compartiendo habitación con un hombre gay. Ahora no tenía miedo.

Osman Cárcamo se encarga del Monitoreo y Evaluación de la plataforma Honduras: Derechos Aquí y Ahora, (Right Here Right Now, RHRN). Un rol rígido, por lo que me extrañaba que en su cama abundaran materiales artísticos y didácticos.

 

Los utilizaría en talleres que facilitaría a decenas de jóvenes de las zonas Norte y Occidente del país. “Aprenden de mí, a la vez que me enseñan”, relata Osman, inspirado en quienes a sus cortas edades tienen amplia experiencia en la lucha por los derechos de la juventud, las mujeres, los pueblos indígenas y afrodescendientes, la diversidad sexual, el medioambiente y más.

En estos encuentros Osman y el equipo de RHRN desarrollan habilidades de liderazgo y fomentan espacios de diálogo en que lxs jóvenes -representando comunidades y colectivos- unifican esfuerzos ante las rampantes desigualdades que atraviesan. Una dinámica invitó a jóvenes del Norte a ponerse frente a sus pares de Occidente y verse sin hablar por algunos minutos, transitando de extrañas a (re)conocerse por la mirada.

Yo retraté la escena en un extremo. Del otro le tenía en frente. Como reflejo en espejo, otro lente y otra cámara capturando la misma escena. Kory y yo, sin planearlo, nos (re)conocimos.

Kory Matute se encarga de la comunicación de Derechos Aquí y Ahora Honduras, reto que asumió sin formación en el área. Eso sí, acumulaba años de experiencia en organizaciones de Derechos Humanos. Antes de llegar a la plataforma, subcoordinaba LITOS, el grupo lésbico y bisexual de Arcoiris. En Arcoiris inició como recepcionista y archivista, ello alentó su afición por la tecnología. Al trastear en la computadora encontró nuevos oficios.

En Derechos Aquí y Ahora retomó la secundaria. Hoy estudia en la universidad lo que ama: el diseño gráfico. Lo ejerce en RHRN, además de la fotografía, publicidad, gestión de prensa, y más.

Haber conocido a Osman y Kory fue asunto de suerte. Un privilegio coincidir con personas inspiradoras que tienen grandes historias por contar. Suerte también es que estén con vida, en un país en que existir como persona diversa es un peligro inminente.

En 2019 40 personas fueron asesinadas por el único motivo de ser Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans o Intersex (LGBTI)2. Este tipo de atentados son crímenes de odio y desde 2009 a la fecha ya suman 355. ¡Tres al mes!

Sal en la herida

2009 parecía un año más inclusivo para el Norte, con el primer presidente afrodescendiente en Estados Unidos y la primera Jefa de gobierno LGTBI en la historia. Pero como la historia misma, 2009 no trataba bien al Sur.

En Honduras el (hasta ese momento) Presidente salió del país en un viaje atípico: escoltado por la milicia, de madrugada y en pijama. Osman y Kory sabían que era un golpe de Estado, así como tenían claro el daño que sufrirían la bandera de las cinco estrellas, pero en especial la del arcoíris.

Ya era uno de los países más violentos del mundo, y los crímenes -documentados- contra la población LGBTI duplicaron 2008, triplicaron 2007, y multiplicaron 2006 y 2005.

Fueron semanas convulsas, entre toques de queda, cierres de medios y entierros de manifestantes Kory laboraba con la Asociación Arcoiris. El golpe detuvo de golpe las labores de muchas organizaciones sociales, incluida la suya. Buscó trabajo con urgencia, lo encontró en un restaurante. Pero su lucha por los Derechos Humanos (DDHH) nunca quedó en el olvido, porque la violencia sistemática contra la población diversa hondureña no era un fenómeno nuevo, ni fácil de solucionar.

Yo no era normal

La marimachita me decían en la escuela, en el vecindario, mis familiares”, recuerda Kory sobre su niñez en La Ceiba, en el Caribe hondureño. “Mi papá sí sabía que yo era diferente. A él le encantaba tener una niña, pero nunca le molestó el que quería usar calzonetas3, gorras, jugar con carritos, o ir al fútbol”.

Desde que él falleció, cuando ella tenía diez años, su crianza estuvo a cargo de otras personas. “Me trataban bien, pero me hacían usar vestidos, aritos y maquillaje para suprimir lo que yo era”. En casa debía usar faldas y tacones.

“Mi primer recuerdo de mi orientación sexual fue cuando entré a primer grado y me enamoré de mi maestra. Desde ese momento decía yo que eso no era normal en una niña”. 

Osman, Kory y su pareja Julieth. Las tres personas juntas sonríen.
Koritza, la niña que prefería calzonetas a enaguas, hoy es Kory, el que hoy lucha por quienes no son normales. “A los 35 quiero ser un hombre, pero mi novia (Julieth, en la foto) me dice: ‘vos ya sos un hombre. No usás ropa de mujer’. Entonces siento que solo se viene dando. Por pequeñas cosas. Por el hecho de que yo quiero estar conforme.”

Sentirse anormal es normal. Honduras es un país con altos índices de homolesbobitransfobia y la escuela y la familia han sido claves en reproducirlas, apuntan dos de las quince organizaciones que conforman la plataforma: CIPRODEH y Arcoiris.

No solo el sistema educativo y la familia promueven el miedo y el odio contra la población LGTBI.

 Nos enseñaban que era pecado, que me iba a ir para el infierno

“Yo trataba de meterme en todos los ministerios de alabanza para reprimir esto que soy”, recuerda Osman sobre su juventud en San Pedro Sula. La religión ejerce la discriminación con gran fuerza. Más allá de los sermones.

Iglesias católicas y evangélicas han unido esfuerzos para negarle personería jurídica a organizaciones LGTBI y lograron modificar la Constitución hondureña para prohibir el matrimonio igualitario. La discriminación pasa de creencia a ley en un marco jurídico ya deficiente.

En Honduras la policía puede retener a quien quiera por “atentar contra el pudor, la moral y las buenas costumbres”.4 Una facultad que justifica detenciones ilegales contra personas LGTBI y estimula violencia física, psicológica y sexual de parte de las mismas fuerzas policiales. “Prefiero enfrentarme con las maras que con ellos”, narra una víctima de su violencia.

La desconfianza en las autoridades es más que justificada: en Honduras más del 90% de los casos de crímenes de odio no se resuelven. “Si nos llega a pasar algo, vamos a ser esos expedientes engavetados”, recaba Osman.

Salida

La Ceiba y San Pedro Sula les vieron partir. Les vio arribar la capital. Tegucigalpa es la ciudad catracha5 con los números más altos de violencia contra la comunidad LGTBI. No es casualidad que también concentre la mayor cantidad de organizaciones que pueden denunciarlo. Para personas como Osman y Kory es un lugar para ser visibles. Es un lugar para existir.

La ceibeña, a sus diecisiete años, no conocía “Tegus”6. Pero escapó para seguir a una capitalina de la que se enamoró. Tomó sola un bus por primera vez y ocho horas después llegó a la terminal.  “[Ella] me fue a recoger, apenas me bajé del bus me pidió acompañarla a hacer un mandado”. El primer lugar que visitó en su primer día en la capital fue Casa Arcoiris.

Entró por la puerta y quedó perpleja. “Dios mío, esto no se ve en mi pueblo. Si regreso a mi casa no voy a tener mi libertad”, pensó en ese momento. “No fue precisamente por amor que yo me quedé”, piensa ahora.

Yo le contradigo. Sí fue amor. Propio.

“Voy a tener que ser lo que mi familia quiere: un hombre de bien, casado y con familia”, meditaba el sampedrano en su juventud. Osman vivía en una familia muy conservadora, vinculada al gobierno y los militares. “Si llegaba a decirles esto, yo temía lo peor”.

Aplacó el temor: expresó públicamente su experiencia como chico gay. No fue en cualquier espacio; en televisión nacional, debatiendo con una congresista y un pastor evangélico, representando a la comunidad LGTBI. “Yo me fui con todas las garras a defender”, recuerda con orgullo.

Amedrentaciones vinieron de muchas personas, incluso con quienes comparte ADN. Cayó en una hondura muy profunda: la depresión. El activismo salvó su vida. “Tenía que demostrarme que no era todo lo que me habían dicho. Que no por ser gay no iba a ser nada. Yo no iba a ser aquel culerito7”.

Llegada

En aquel debate representaba a Arcoiris. Su coordinador, Donny Reyes, les brindó casa en ese momento. “Él nos adoptó”, cuentan entre risas, contemplando que de no ser así, la otra opción era la calle.

Ese sigue siendo el panorama para tantas personas LGTBI que sufren el rechazo y la expulsión de sus hogares y comunidades, principalmente en zonas alejadas de la capital. Esta situación se magnifica en una pandemia que hace del acceso a un techo un factor de vida o muerte.

Para luchar contra ello, Kory aprovecha la tecnología para que la plataforma alcance con mensajes urgentes miles de pantallas dentro y fuera de Honduras, pero en especial muy adentro. Mensajes que habrían sido de alivio para la ceibeña y el sampedrano en aquellas épocas.

Una de las iniciativas, que involucra jóvenes de la plataforma de todo el país, es la campaña virtual “Promoviendo desde Casa”. Kory recuenta la importancia de “verles en sus espacios, que no dejen de promover los Derechos Humanos”.

Con vehemencia explica: “refleja la diversidad de luchas que hay en la plataforma, y evidencia que no solo estamos en cuarentena, usamos nuestras redes para movilizar el discurso político”.

Atardece

Como se aprecia en las pancartas, y se ahonda en la primera historia de esta serie, las luchas son múltiples y variadas. Dentro de las mismas luchas los colores y las siglas viven diferentes realidades. Para la T en LGTBI la discriminación pesa más.

En Honduras las personas trans (transexuales, transgénero y travestis) se ven más expuestas a crímenes de odio debido a que su identidad de género es más visible. Y allí, quienes son mujeres trans reciben también los golpes del machismo y el patriarcado.

Cuando nos despedimos sabemos que de camino a nuestras casas nos pueden hacer algo

En ese entonces Osman estaba a cargo de la comunicación externa de Arcoíris, debía comunicar la noticia. “Yo no hallaba qué decirle a la gente, hacer un comunicado de «descanse en paz», cuando no es así, cuando su muerte no fue digna”.

Digna tampoco fue la despedida de Vicky Hernández -crimen que se le responsabiliza al Estado hondureño, o la de Bessy Ferrera, integrante de la plataforma RHRN. Las tres, defensoras de DDHH, fueron asesinadas por ser mujeres trans. Ninguno de estos crímenes ha sido resuelto.

Osman asevera: “todo eso nos impulsa a crear políticas y exigirle al Estado que ya no engaveten los expedientes, para saber quiénes matan a estas personas”.

 

Historia de pandemias

Como el arcoíris une dos extremos en el cielo, a Osman y Kory les unió el activismo y la lucha por los derechos de la diversidad. Viven juntos y desde su casa, además de buscar solución a los crímenes cometidos, buscan prevenirlos.

Saben bien cómo la pandemia actual agudiza la discriminación contra la población diversa y las mujeres. Sostienen el acompañamiento a muchas personas que en el encierro no pueden ser. Los encuentros, antes presenciales, Kory y el equipo los adaptan a videoconferencias y academias virtuales.

En uno de estos espacios, una de sus colegas narra cómo el estigma hacia los gays por la pandemia del VIH en Honduras hizo que surgieran las primeras organizaciones en defensa de la comunidad LGBTI. En 2009 la crisis por la pandemia del H1N1 se combinó con el golpe de Estado del que la nación sigue aturdida. El COVID19 no distingue si una condición preexistente es física o social.

Esta pandemia, como las otras, pasará. Pero hay una que aún no hemos resuelto. Yo me contagié cuando expulsé al compañero de un retiro del colegio. Asesina con odio y discriminación lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex. La prensa la calla y muchos Estados la ignoran.

Osman, Kory y la comunidad LGTBI no flaquean al  enfrentarla. “Sueño con el mejor futuro de esta gente, y para ello tengo que crear un presente”, afirma Osman, que desde RHRN y junto a múltiples organizaciones batallan contra el status quo, por ejemplo CATTRACHAS, Arcoiris y Somos CDC luchan por incluir la orientación sexual en la Ley contra Discriminación y alcanzar el Matrimonio Igualitario.

Cuatro mujeres trans con pancartas y signos en protesta frente al Ministerio Público de Honduras. Marcha del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Tegucigalpa, 2019.
«El temor es grande, pero eso nos hace fuertes», dice Rihanna Ferrera, la segunda de izquierda a derecha. Ella es hermana de Bessy y parte de la Asociación Cozumel Trans, que junto al Colectivo Unidad Color Rosa presentaron un proyecto de ley de identidad de género, para alcanzar el reconocimiento del nombre y género en documentos oficiales.

Osman piensa en Paola, Vicky y Bessy, como el personal médico versus el coronavirus, luchando frente a una pandemia mortal sin temor a perecer, con tal de que nuevas generaciones no la padezcan. Le es imposible no recordar el final del himno hondureño:

serán muchos, Honduras, tus muertos, pero todos caerán con honor

Hoy honramos su caída, sabiendo que jamás debieron caer. Hoy conmemoramos que un 17 de mayo se eliminó la homosexualidad de la lista oficial de enfermedades. Hoy entendemos que la enfermedad es otra.

Gracias a ellas, Osman, Kory y todo el equipo de Honduras Derechos Aquí y Ahora estamos más cerca de encontrar la cura.


1. Término peyorativo para los hombres homosexuales en Costa Rica.
2. Informa el Observatorio de muertes violentas de personas LGBTI de la Red Lésbica Cattrachas.
3. Pantalones cortos.
4. Ley de Policía y de Convivencia Social: Artículos 101, 131 y 142.
5. Hondureña.
6. Tegucigalpa, capital de Honduras.
7. Término peyorativo para los hombres homosexuales en Honduras.

Sobre Derechos Aquí y Ahora

Derechos Aquí y Ahora (RHRN por sus siglas en inglés) es un programa de 5 años liderado por Hivos en Latinoamérica y el Caribe, y por Rutgers a nivel Global. Reúne organizaciones de jóvenes, de mujeres y de la comunidad LGBTI para incidir por derechos sexuales y reproductivos inclusivos, de buena calidad y amigables con la juventud.

Estas fueron mis palabras e imágenes, pero no existirían sin el apoyo de muchas personas. Gracias a Danna Scarpetta Pineda por el apoyo en investigación y asesoría en temas de género y diversidad, así como a Tony Marten. A Jenny Nuñez y Michelle Jones por el trabajo de traducción y revisión, a Ginet Vargas, Andrés Méndez y todo el equipo de Hivos por la guía, a Consuelo Mora y Cristiana Castellón por la confianza, al staff y todas las personas de la plataforma RHRN Honduras por hacerme sentir como en casa y a toda la ciudadanía hondureña por las lecciones de resistencia que nos da al resto del mundo.